domingo, 30 de junio de 2013

LA LEYENDA DE LA CRUZ VERDE

UNA HISTORIA DE AMOR

Los habitantes de la nueva España tomaron la costumbre de adornar el exterior de sus residencias, colocando en un nicho la imagen de su santo preferido; el escudo de armas con sus cuarteles nobiliarios y la mayoría una cruz de diferentes tamaños. El centro del edificio era el lugar escogido. En algunas se colocaban faroles colgados de un pie de gallo de metal que iluminaban los nichos. Entre las casas que prefirieron poner las cruces y que sobresale por su tamaño y bello diseño, se encuentra la localizada en Correo Mayor (antes calle de los Migueles), esquina con Regina (antes calle de Cruz Verde), y conocida con ese mismo nombre “Cruz Verde”. De la cual cuenta la leyenda que don Álvaro Villadiego vio en uno de los balcones de su casa a una hermosa joven de la que se enamoro. Durante muchos días se dedico a averiguar quién era e hizo todo lo posible por llegar a verla y hablarle. Los padres de la dama la ocultaron y le prohibieron asomarse al balcón. Un día se enfermo la madre y burlando la vigilancia, salió al balcón para saciar su curiosidad y conocer al hombre que la pretendía.

Por fin, le pudo llegar una carta en la que le declaraba su amor y le ofrecía matrimonio, suplicándole que si ya no podía contestarle por ese medio, se lo manifestara con una cruz blanca y si aceptaba sus proposiciones pusiera una cruz verde. Después de varios días apareció la señal convenida, no obstante, tuvo que intervenir un sacerdote para vencer la resistencia de los padres e iniciar las relaciones amorosas. El asunto termino en una brillante y elegante boda a la que asistió el  Virrey y toda la nobleza de ese entonces. Para perpetuar el principio de sus relaciones con Doña María de Aldarafuente y Segura, después su esposa, mando a colocar al nivel del balcón una gran cruz de piedra, la cual la podemos ver en la actualidad. Pero lamentablemente el comercio informal nos impide apreciar en su magnitud muchos de estos monumentos históricos, como ocurre con esta singular cruz.

CURIOSIDADES EN PAREDES DEL CENTRO HISTORICO

UN LEÓN MARCA EL AGUA
En el año de 1725 el centro histórico sufrió una de las inundaciones más grandes que afecto la vida de todos los que habitaban en el primer cuadro. El agua subió a casi 2 mts. del nivel de suelo debido a lo ineficaz de los sistemas de desagüe y también a las intensas lluvias. Para conmemorar ese desagradable  capitulo, en las calles de Madero (antes de San Francisco) esquina con Motolinia podemos admirar “la cabeza de un León”, que la mayoría de personas pasa desapercibida sin notarlo. La pequeña cabeza está acompañada por un escudo que se encuentra en la esquina de enfrente y en el centro tiene grabada la fecha de la gran inundación.

UNA MANO COMO EJEMPLO
Otra curiosidad se encuentra en las calles de Jesús María esquina con Venustiano Carranza (antes Capuchinas), encontramos un nicho que contiene una imagen devocional y una referencia a una leyenda. La escultura es San José, las volutas y flores, así como la cavidad, muy decorada, indican que es del siglo XVIII. “Además, hay que notar la gran concha que sostiene el nicho”. En la base, hay una mano cercenada y clavada que nos recuerda la forma de castigar a los criminales de esa época; se les cortaba la mano para que no cometieran más crímenes. Los miembros mutilados se clavaban en cruces y se fijaban en sitios públicos como ejemplo y escarmiento. Pero también se cuenta que, el dueño de la llamada Casa de la Manita, al descubrir que un criado le estaba robando, le mochó la mano y la puso allí arriba (de la fachada) con una leyenda, como escarmiento. Pero la mano se empezó a echar a perder, entonces la mandó hacer de piedra. En otra versión de esta leyenda, dice que la mano cercenada es de un funcionario de la Nueva España que robó al erario y asi pago su mal acto.

UNA SERPIENTE GIGANTE
Muy cerca de ahí, en la calle de Mesones esquina con Pino Suárez, en lo que hoy es el Museo de la Ciudad de México se puede ver un vestigio de la grandeza mexica “la cabeza de una serpiente de piedra que sirve de cimiento para el edificio”. Esta colosal piedra nos dice como la cultura Azteca sirvió de base para la Nueva España.

UN CORAZÓN EN LA PARED
Siguiendo por esta misma calle, en el número 119, podemos ver todavía un altorrelieve con la representación de un “Sagrado Corazón de Jesús”, el edificio sirve hoy de bodega, pero en su momento fue un mesón para viajeros, que por cierta cantidad de dinero tenían comida y alojo durante las noches, los de más posibilidades económicas podían rentar una habitación para ellos y un lugar en el establo para su caballo, pero los más pobres dormían junto con el caballo en los establos del mesón.

LA VIRGEN DE GUADALUPE
La calle del Salvador nos muestra, en lo que hoy es la farmacia Paris, en el número 49, otro altorrelieve nos pone de manifiesto la fe y la devoción que tiene el pueblo de México en la Virgen de Guadalupe, se trata de una imagen que se distingue por su elaborada belleza y por su gran tamaño.
Este ha sido un breve recorrido por algunas de las muchas maravillas, curiosidades y misterios del corazón de la ciudad de México y le recomendamos, que si tiene tiempo visite estos lugares y remonte su imaginación a aquellos tiempos, tiempos de un interesantísimo pasado que por fortuna, aún tenemos los capitalinos.


Roberto Samael C. E.

domingo, 12 de mayo de 2013

DE LA HABITACIÓN DONDE MURIÓ BENITO JUÁREZ


 
Benito Pablo Juárez García, nació en San Pablo Guelatao, Oaxaca, 21 de marzo de 1806 y falleció en la Ciudad de México, 18 de julio de 1872. Fue un abogado y político mexicano, de origen indígena zapoteca, Presidente de México en varias ocasiones del 18 de diciembre de 1857 al 18 de julio de 1872. Se le conoce como el "Benemérito de las Américas". Es célebre su frase… “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.”

Benito Juárez dormía en su alcoba de Palacio Nacional acompañado de su hijo menor Benito. Esa noche leyó un libro en francés, en la página 232 que describía la entrada del Emperador Trajano a Roma y el inicio de su gobierno de 20 años, Juárez dejó un pequeño papel con el texto: “Cuando la sociedad está amenazada por la guerra; la dictadura o la centralización del poder pueden ser un remedio para aquellos que atentan contra las instituciones, la libertad o la paz”. Esa noche sólo tomó un atole, tuvo náuseas que no lo dejaron dormir, por lo que despertó a su hijo Benito.

El 18 de julio a las 9.00 tuvo que llamar a su médico Ignacio Alvarado el cual llegó cerca de las 10.00. A las 11.00 tuvo calambres muy dolorosos que lo llevaron forzosamente a la cama. Tenía el pulso bajo y sus latidos débiles. El tratamiento aplicado (típico de la época) fue arrojarle agua hirviendo en el pecho, cosa que se le hizo luego de colocarle la olla hirviendo en el pecho. Con tal remedio, Juárez reaccionó. La familia pasó al comedor y se quedó en la recámara con el médico. Benito platicó al médico historias de su niñez. Le contó que el Padre Salvanueva era el hombre más bondadoso que él conoció. Ante la pregunta al médico de si lo suyo era mortal, el médico Alvarado le dijo: "Sr. Presidente: ¡Como lo siento!".

Benito Juárez siguió mal. Su familia estaba reunida, hijas, hijo, yernos y amigos. También diversos amigos y políticos fueron llegando a la sala. Juárez tuvo la insistencia de los ministros de relaciones exteriores José María Lafragua y el ministro de la Guerra Gral. Alatorre, en esa tarde ambos pidieron ver al presidente para recibir instrucciones. Juárez en ambos casos tuvo que vestirse y hablar con ellos, escucharlos y darles instrucciones. Los médicos mexicanos más prestigiados de entonces acudieron a Palacio Nacional: Gabino Barreda y Rafael Lucio pero nada pudieron hacer. Juárez se tendió de lado izquierdo poniendo una mano bajo su cabeza. Muy fatigado, con evidente falta de oxígeno sonrió e inmediatamente murió. Eran las 23.35 del 18 de julio de 1872 cuando los tres médicos reunidos declararon muerto al presidente. Sus hijas gritaban de dolor: “¡papá!, ¡papá no te vayas!”. En la actualidad, una placa en el lugar de su muerte da cuenta de ello. Juárez duró en el cargo de presidente catorce años. 1872 - Benito Pablo Juárez García, murió de angina del pecho, hubo un mes de solemnidades en todo el país en su honor.

sábado, 11 de mayo de 2013

ALEXANDER VON HUMBOLDT EN MÉXICO


Es considerado el llamado “Padre de la Geografía Moderna Universal”. Fue un naturalista de una polivalencia extraordinaria, que no volvió a repetirse tras su desaparición. Los viajes de exploración le llevaron de Europa a América del Sur, parte del actual territorio de México, EE.UU., Canarias y a Asia Central. Se especializó en diversas áreas de la ciencia como la etnografía, antropología, física, zoología, ornitología, climatología, oceanografía, astronomía, geografía, geología, mineralogía, botánica, vulcanología y el humanismo.

El 22 de marzo de 1803 llega con una fragata española de Guayaquil (Ecuador) a Acapulco, el puerto mexicano del Pacífico. Visita las cercanías y las describe en su diario, antes de proseguir su viaje el 29 de marzo por Chilpancingo y Taxco hasta la Ciudad de México (llegando el 12 de abril). En un México construido con las ruinas de la capital de los aztecas, Humboldt descifra el calendario azteca o Piedra del Sol que fue desenterrado en la Plaza Mayor, y hace varias excursiones en los alrededores. Por ejemplo, visita las minas de Pachuca, Real del Monte, Morán y Guanajuato y los impresionantes alcantarillados de la ciudad en Huehuetoca. Además sube el 19 de septiembre de 1803 a la cumbre del Jorullo, emergido de las entrañas de la Tierra cuarenta y cuatro años antes en el estado de Michoacán. Sus historias sobre el volcán se difunden rápidamente en Europa y atraen numerosos aventureros que quieren experimentar por sí mismos lo que ha descrito Humboldt en sus textos. El Jorullo se volvió el volcán más conocido entre los científicos.

En enero de 1804 Humboldt regresa a la alcantarilla de Huehuetoca y escribe sobre su penosa construcción, lamenta sobre todo las inhumanas condiciones de trabajo para los indios. También se preocupa de las circunstancias en las minas coloniales, escribe un amplio informe sobre la mina de Guanajuato e intercede a favor de los trabajadores. Estuvo muy activo en la ciudad de México, planeó perfiles geológicos, atendió exámenes del Colegio de Minería y visitó varias instituciones y eruditos. Las condiciones en las cuales encontró los institutos, las describe modélicamente ante todo debido a que blancos e indios trabajan juntos ahí. El 20 de enero de 1804 sale del centro cultural iberoamericano y va a Veracruz. Durante su viaje mide el Popocatépetl, el Iztaccíhuatl y escala el Cofre de Perote. La medición de los volcanes es una evidente prioridad de su viaje, en particular el Pico de Orizaba, que Humboldt midió sólo de lejos; esto tiene una importancia para los navegantes que se acercaban a la costa mexicana. Más estaciones en su camino son Puebla, Cholula y Xalapa. Después de su estancia en Veracruz (18 de febrero hasta el 7 de marzo) continúa su viaje por La Habana hacia los Estados Unidos.

En agosto de 1804 – después de cinco años de viaje - Alexander de Humboldt regresa con su material científico a París y es recibido y celebrado por diez mil personas. Entusiasmó y cautivó a la gente con su curiosidad y su saber. El tiempo siguiente lo pasa en París analizando sus resultados, en 1807 se muda a esta ciudad. Luego apoya a varios científicos y artistas (entre ellos el matemático Karl-Friedrich Gauss y el músico Felix Mendelssohn Bartholdy), y aconseja al joven Werner von Siemens con la fundación de su empresa. Los planes para su “segunda vocación en la vida”, un viaje de investigación a Asia, son obstaculizados una y otra vez. Humboldt y Bonpland publican varias obras de manera conjunta, la más importante de las cuales es el Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, aparecida en francés, en 13 volúmenes, entre 1816 y 1831.

martes, 7 de mayo de 2013

IGLESIA SANTA CATARINA


REPOSO DE LA VIRGEN EN TIEMPOS DE EPIDEMIAS

Ubicada en República de Nicaragua esquina con República de Brasil. Con casi cinco siglos de historia, la actual Iglesia de Santa Catarina sigue en pie y ofrece uno de los mejores lugares para conocer de cerca la arquitectura colonial que existe en el centro histórico del Distrito Federal, con una destacada muestra del barroco español y el churrigueresco mexicano. Este edificio se consagró como parroquia, dado que el barrio proliferó rápidamente. Casi un siglo después, en el año de 1629, el edificio sufrió graves daños tras una aparatosa inundación; por esta razón, el inmueble fue reedificado y abierto al público en el año de 1662, gracias a las donaciones que hizo Doña Isabel de la Barrera, esposa de Don Simón de Haro.

Tiempo después, el templo fue demolido para llevar a cabo un nuevo proyecto arquitectónico que abrió sus puertas en febrero de 1740, el cual se mantiene en pie hasta la actualidad. Esta iglesia fue creada en 1568 para asistir a la Catedral Metropolitana con la población blanca, mestiza y castas, a la que tenía bajo su jurisdicción. Su construcción y mantenimiento fueron financiados por la cofradía de Santa Catarina Mártir, hasta que en el último tercio del siglo XVIII fue proclamada parroquia. Su advocación a la teóloga y mártir Catarina, patrona de la Real y Pontificia Universidad de México, la convirtieron en titular de una élite culta.

Uno de los privilegios que distinguió a la parroquia fue ser sitio de reposo de la Virgen de Guadalupe cuando se le trasladaba del Tepeyac a la Catedral Metropolitana, recorrido que solía hacerse en tiempos de epidemias, tormentas o ruegos para evitar calamidades. Su construcción y retablos barrocos fueron remodelados con un estilo neoclásico hacia mediados del siglo XVIII.

Por su jerarquía y ubicación geográfica, al comienzo del Camino Real, hacia el norte y noreste, y en línea recta hacia la Catedral, en el templo y la plaza de Santa Catarina se iniciaban diversos festejos que se celebraban en la capital. Hasta las primeras décadas del siglo XIX, en su plaza se instalaba semanalmente un mercado, y hasta 1810, antes del movimiento de Independencia, se montaban espectáculos para dar la bienvenida a los virreyes o festejar a la Real Universidad con sedas colgantes, lienzos coloridos, mascaradas y guardias montados.

EL BUSTO DE CUAUHTÉMOC EN EL ZÓCALO CAPITALINO

Cuauhtémoc fue el último tlatoani mexica de México-Tenochtitlán y cuyo significado del náhuatl es “águila que cae”, tlatoani de la Triple Alianza Tenochtitlán, Texcoco y Tlacopan o Tacuba, asumió el poder en 1520, un año antes de la toma de Tenochtitlán por Hernán Cortés y sus tropas. Cuauhtémoc fue sobrino de Motecuhzoma Xocoyotzin. Cuando asumió el poder, los conquistadores ya habían sido expulsados de Tenochtitlán, pero la ciudad estaba devastada por el hambre, la viruela, y la falta de agua dulce. Cuauhtémoc llegaba a este momento tras haber sido jefe de armas de la resistencia a los conquistadores, dado que desde la muerte de Moctezuma previo a la Noche Triste, se le identifica como líder militar de los mexicas contra los que encabezó la resistencia y, una vez sometido, fue llevado por Hernán Cortés a la expedición que hizo a las Hibueras (hoy Honduras), y con el fin de evitar una rebelión del pueblo mexica ordenó que lo ahorcaran en un lugar de Tabasco llamado Huey Mollan, en 1525...
El busto de Cuauhtémoc, lo podemos apreciar en un pedestal sobre avenida Constitución, entre las calles Francisco I. Madero y 5 de Mayo, hacia las aceras de Catedral y Monte de Piedad. El busto es visitado en ceremonias para conmemorar el aniversario de su natalicio, cada 23 de febrero, o de su muerte, cada 28 del mismo mes, así como cada 13 de agosto, fecha en que se conmemora la rendición del pueblo mexica.

domingo, 28 de abril de 2013

TEMPLO DE PORTA COELI

Roberto S. Contreras Esparza
IGLESIAS DE LA PUERTA DEL CIELO O PORTA COELI 

Los dominicos llegados a México en 1526, instalaron en la ciudad de México el Colegio de Santo Domingo de Porta Coeli en 1603 que tenía como fin que los jóvenes aspirantes a tomar los hábitos de la orden pudieran aprender los elementos necesarios para profesarla y para evangelizar en las misiones. Al colegio cuya fundación fue aprobada en el capítulo provincial de 1604, se le concedieron más tarde todos los privilegios de los que gozaban los colegios dominicos. Para ello se adaptaron unas casas que pertenecían a Isabel Luján, nieta de Juan Alonso de Estrada (Gobernante de México en 1524), adaptándolas para uso de los novicios. Estas casas se ubicaban al sur de la Plaza del Volador (Venustiano Carranza 107), al inicio de lo que había sido la calzada que comunicaba a la ciudad de México con Iztapalapa (José María Pino Suárez). Al poco tiempo, el colegio resultó estrecho para alojar el crecido número de estudiantes que acudían a sus aulas, por lo que se tuvieron que comprar unas casas colindantes para ampliar el espacio de que disponían. Al crecer el colegio, llegó a limitar con el convento de monjas de Balvanera, razón por la que tuvieron que abrir un callejón (que más tarde sería conocido por la gente como “Tabaqueros”), que les había sido exigido por las autoridades religiosas.

En su sencilla fachada de influencia neoclásica, el acceso está formado por un vano cerrado con un arco de medio punto flanqueado por dos pares de pilastras en los que se apoya el arquitrabe sin decoración alguna y un frontón triangular roto en cuyo tímpano se abre una pequeña ventana que ilumina el coro alto. En la parte superior, remata la fachada una balaustrada de cantera que en otro tiempo terminaba en sus extremos con dos diminutas torres que hacían las veces de campanarios. Vale la pena señalar que este templo es el único en el Centro Histórico en el que se celebran las misas dentro del rito católico greco-melkita, en el que el sacerdote se coloca de frente a los divinos dones y de espalda a la asamblea, la misa se imparte en griego y español. El templo es visitado actualmente por numerosos fieles que veneran al Cristo Negro o del Veneno, imagen de curiosa historia tenida como muy milagrosa. Las imágenes de San Charbel, el Santo Niño del Perpetuo Socorro, San Judas Tadeo, San Martín de Porres, la Virgen de Guadalupe y la Virgen de Juquila, colocadas recientemente pero que también son muy veneradas en este templo.

EL CRISTO NEGRO O DEL VENENO

Cuenta una leyenda que en la entrada del templo de Porta Coeli, los padres dominicos habían colocado una imagen encarnada de Jesús crucificado de tamaño natural. El capellán encargado le tenía mucha devoción a la imagen. Diariamente solía rezar frente a él y le besaba los pies con respeto y cariño. Un hombre, le tenía un enorme odio al capellán, al grado de querer acabar con su vida. Para ello, un mal día, untó un poderoso veneno en los pies de la imagen para que al besarlos el capellán como era su costumbre, absorbiera el mortífero veneno y muriera. Sin embargó, se dice, que al día siguiente, después de realizar sus cotidianas oraciones, el capellán se inclinó para besar los pies del Cristo, que en ese momento, encogió las piernas para impedir que sus labios tocaran sus pies y evitar su muerte. Inmediatamente y frente a todos los feligreses, la imagen comenzó a absorber el veneno oscureciéndose hasta ponerse totalmente negro. A raíz de este suceso que fue conocido por todos en la ciudad virreinal, la gente lo comenzó a llamar el “Cristo del Veneno” o “Señor del Veneno”. Algunas versiones señalan que la imagen original fue llevada más tarde a la Catedral Metropolitana, colocándose una replica en su lugar que también es muy venerada.
El Cristo del veneno del Catedral Metropolitana

miércoles, 24 de abril de 2013

SIMÓN BOLÍVAR EN MÉXICO...

Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios Ponte y Blanco, mejor conocido como Simón Bolívar, fue un militar y político venezolano. Participó en la fundación de la Gran Colombia, nación que intentó consolidar como una gran confederación política y militar en América, de la cual fue Presidente. Bolívar es considerado por sus acciones e ideas el “Hombre de América” y una destacada figura de la Historia Universal, ya que dejó un legado político en diversos países latinoamericanos, algunos de los cuales le han convertido en objeto de veneración nacionalista. Ha recibido honores en varias partes del mundo a través de estatuas o monumentos, parques, plazas. Así mismo, sus ideas y posturas política-sociales dieron origen a una corriente o postura llamada Bolivarianismo.

martes, 23 de abril de 2013

CONVENTO DE SAN DIEGO DE ALCALÁ

LABORATORIO ARTE ALAMEDA

Los primeros religiosos de la Orden de la más Estricta Observancia de Religiosos de San Francisco (conocidos también como: franciscanos descalzos, recoletos o alcantarinos), se asentaron en México en el año de 1580, ocupando lo que fuera el Hospital de San Cosme y San Damián (cuyo templo aún sobrevive junto a la Av Ribera de San Cosme). Hacia el año de 1591 y gracias al patrocinio de don Manuel de Mauleón y doña Juana Arellano, su esposa, se inició la construcción de un nuevo convento junto a la Alameda, don Manuel quiso que fuera consagrado a su Santo apóstol, más el rey Felipe II se opuso y dispuso que se nombrara San Diego de Alcalá (por quien erróneamente son llamados Dieguinos). El edificio fue ampliado en el siglo XVII, entre los años de 1638 a 1678. Para el año de 1778 todo el conjunto es reedificado, año en que también se levantó la capilla de Los Dolores, luciendo tal cual los apreciamos, con las dos bellas cúpulas. Para el año de 1861 los religiosos fueron exclaustrados y seis años después (1867), era fraccionado el convento para su venta. En su interior existía el entierro de los Condes del Valle de Orizaba. Pinacoteca Virreinal La iglesia continuó en funciones hasta 1934, cuando fue expropiada y se destinó a otros usos, como imprenta, bodega, auditorio para danza y clases de arte dramático. Treinta años después su fachada neoclásica, su torre e interiores lograron sobrevivir a la apertura de calles y a la especulación urbana, hasta que en 1964 el templo fue alistado para ser la Pinacoteca Virreinal y recibir —otra paradoja— los retablos y piezas religiosas de los conventos que habían sido suprimidos por las mismas leyes.

La colección se mantuvo aquí hasta el año 2000 cuando fue trasladada al MUNAL. Y en la actualidad, Laboratorio Arte Alameda En el año 2000, se redefine la vocación de este espacio, y se transforma en el Laboratorio Arte Alameda, dedicado a exposiciones y actividades de arte contemporáneo, con un enfoque especial en las expresiones producidas con soportes electrónicos y tecnológicos, el cual consta de seis salas o espacios claramente definidos: el atrio, la nave principal, la capilla de Dolores, el claustro bajo y el coro que conservan en gran medida su arquitectura original; además posee una sala anexa de construcción reciente. El laboratorio completa su programación con diversas actividades como son conferencias, concierto, proyecciones de video, seminarios o talleres. Cuenta con el Centro de Documentación Priamo Lozada, especializado en arte en nuevos medios. Mediante el Departamento de Servicios Educativos el Laboratorio ofrece visitas guiadas, o para éstas consultar el Centro de Documentación. Uso que presenta hasta nuestros días. 
EL SANTO OFICIO EN MÉXICO
En América, el Tribunal del Santo Oficio se estableció por primera vez en la isla de Santo Domingo, llamada en ese entonces La Española, gracias a que el cardenal Adrián de Utrech, regente del reino e inquisidor general de España, extendió el nombramiento de inquisidor de todas las tierras descubiertas y a descubrir a don Pedro de Córdoba, residente de dominicana. Tres años después de consumada la Conquista de la Nueva España, fray Martín de Valencia, franciscano evangelizador, fue nombrado por Pedro de Córdoba comisario de la Inquisición en México. Aunque los franciscanos no tenían ni bula ni permiso para ejercer ese oficio que era y había sido siempre privilegio exclusivo de los dominicos. Ese primer inquisidor ejerció suavemente el empleo, hasta que a la muerte de Córdoba, llegó de España fray Vicente de Santa María, un dominico. En 1535 el inquisidor general de España y arzobispo de Toledo, Alfonso Manrique, expidió el título de inquisidor apostólico al primer obispo de México, Juan de Zumárraga. Aunque este no creyó prudente establecer aún la Inquisición en México, cometió el tremendo error de formar proceso a un indio, señor principal de Texcoco, bautizado ya con el nombre de Carlos y nieto de Netzahualcóyotl, a quien acusó de seguir sacrificando víctimas a sus dioses. El inquisidor apostólico lo mandó a quemar vivo en la plaza pública el 30 de noviembre de 1539 para convertirlo en la primera víctima del Santo Oficio en la Nueva España. Zumárraga recibió regaño y castigo porque en las disposiciones reales y las reglas del Santo Oficio, se estipulaba que no se podían ejercer rigor ni pena contra los cristianos nuevos de la raza india. Sin embargo, no fue hasta 1571 que el doctor Pedro Moya de Contreras, inquisidor mayor de la Nueva España estableció en México el Tribunal de la Fe, este año, se considera oficialmente, como el del establecimiento del Santo Oficio en México. Las cortes generales y extraordinarias que decretaron en España la abolición de la Inquisición, sesionaron el 8 de diciembre de 1812, y el decreto se pronunció en México en 1813, sin embargo quedó definitivamente abolida hasta 1820.

ANTIGUO CONVENTO DE SAN AGUSTÍN

ALGO DE SU GRANDEZA
Algo de lo que fuera el convento agustino, fue uno de los templos que algún día dieron sentido a la frase “México, ciudad de los palacios”. Su primer noviciado, destinado por el virrey Antonio de Mendoza, en el barrio de Zoquipan (lugar de tierra fangosa), duró casi un siglo y medio, hasta que en 1676 el fuego lo devoró en su totalidad durante tres días. La magnificencia del nuevo claustro y sus dos templos no sólo radicaba en su extensión, sino en su refinada arquitectura que iba del dórico romano al estilo renacentista; su portada de mampostería muestra un relieve de San Agustín que abre el paso a tres naves y cuatro capillas por lado, que poseyeron pinturas de Cabrera, Zurbarán, Arteaga, Alcíbar y Villalpando, así como retablos de una riqueza extraordinaria.
Los labrados en nogal de la sillería del coro, que refieren a doscientos cincuenta y cuatro pasajes del Antiguo Testamento, competían con los mejores de su tiempo. Asimismo, la sacristía que, como era costumbre, era propiedad del marqués de Salvatierra, guardaba retablos cubiertos de hoja de oro y lienzos de primer orden. Todo esto fue enviado a la Academia de Bellas Artes luego de que las Leyes de Reforma expropiaran los bienes de la Iglesia y sus monjes fueran exclaustrados.
El convento fue demolido, fraccionado y vendido; la sillería rodó entre la escuela de sordomudos de Corpus Christi y la preparatoria; el atrio y la sacristía deambularon entre la familia Escandón y el estado republicano. Finalmente, los restos de aquel inmenso claustro fueron, después de varios intentos, ocupados por la Universidad que a lo largo de un siglo, desde 1867, los destinó para Biblioteca Nacional de México.

Roberto Samael C E

PEDRO ROMERO DE TERREROS Y SU ANTIGUA CASONA

EL HOMBRE MÁS RICO DE AMÉRICA
Roberto Samael C E
Pedro Romero de Terreros nació en Huelva, España en 1710. A los 22 años de edad llegó a la Nueva España, al llegar, era pobre y no tenía el título de Conde, simplemente vivía una vida común y corriente. Estuvo hospedado por tres años con su tío Juan Vázquez de Terreros, quien murió cuando Pedro tenía 25 años. Conforme fue pasando el tiempo surgieron en él nuevos intereses, como la política. En el año de 1742, ocupó importantes cargos políticos como: alcalde, alférez real y alguacil mayor. Estos cargos fueron desempeñados en Querétaro. Pedro, día con día, enriquecía sus conocimientos y se enteró que en el Real del Monte, Hidalgo existían grandes vetas de plata, oro y otros minerales y como era una persona con ambiciones no tardó en llegar a esta ciudad.

FILÁNTROPO Y POLÍTICO
Era 1743, tras largas horas de trabajo y dedicación Pedro Romero de Terreros por fin logró la explotación de las vetas de plata existentes en el Real del Monte, gracias a esto alcanzó su mayor esplendor. El 25 de febrero de 1775 Pedro Romero de Terreros fundó el Nacional Monte de Piedad bajo el nombre de: “Sacro Real del Monte de Piedad de Ánimas” que significó la solución a los problemas económicos de los residentes de la Nueva España, por lo que fue alabado por ellos. Las grandes vetas del Real del Monte hicieron a Pedro Romero de Terreros el hombre más rico de América, tal vez del mundo a mediados del siglo XVIII.


CONDE DE REGLA
Se cuenta que un 26 de febrero 1775, se fundo el Sacro y Real Monte de Piedad de Ánimas por Pedro Romero de Terreros, Conde de Regla, con previa autorización de la Corona Española. Don Pedro contaba con 300.000 pesos en oro para esta obra, dinero de su propio patrimonio. Según registros históricos, Juan Carabantes fue el primero en empeñar. Las prendas eran un juego de joyas de diamantes por el que se le prestaron 40 pesos en oro. Los recuperó en agosto del año en curso, y dio una limosna de 8 reales. La primera sede se ubicó del año 1775 a 1821, en la calle de San Ildefonso, en el número 60. Tiempo después, estuvo del año 1821 al año 1836, en el convento de monjas franciscanas en la esquina del actual Eje Central y Avenida Juárez. Finalmente se trasladó en 1836 al edificio de la esquina de 5 de mayo y Monte de Piedad (lugar actual), donde fuera la Contaduría General del Marquesado del Valle de Oaxaca. Adquirió el nombre de Nacional Monte de Piedad después de la Independencia. En esos años difíciles, la institución dio respaldo económico a muchas familias. Lo mismo ocurrió en tiempos de la Revolución. Se dice que Francisco Villa se negó a hacer algo contra esta noble institución por considerarla "El banco de los pobres".

PEDRO ROMERO DE TERREROS

Finalmente el hombre conocido en América y Europa, el hombre que llegó a la Nueva España siendo un simple ciudadano y que logró ser un importante empresario, además de adquirir un título de nobleza, murió en el año de 1781 en su Real Hacienda ubicada en San Miguel Regla, Hidalgo. Sus restos fueron trasladados a Pachuca en donde por designios de él, se cree que fue enterrado en el presbiterio de la iglesia de San Francisco. Pedro Romero de Terreros, primer Conde de Regla, fundador del Montepío, el hombre más rico de América Colonial, un hombre de singular carácter e inteligencia, siempre hablaba en plata.
 

EL SAMBORNS LA CASA DE LOS AZULEJOS


La historia del Sabores o Casa los Azulejos, puede remontarse hasta el siglo XVI cuando fue trazada la calle San Francisco (hoy Madero), una las primeras colonias y por mucho tiempo la avenida más popular de la Ciudad de México. Al inicio fueron dos casas que se unieron por acuerdo matrimonial de dos familias criollas novohispanas. Fue precisamente la Quinta condesa del Valle de Orizaba quien mandó reconstruir la casona después de muchas transformaciones, convirtiéndola en todo un palacio, una joya del barroco mexicano de principios del siglo XVIII y recubriendo sus fachadas con miles de azulejos fabricados en Puebla. Se cuenta que cuando terminó de vestir su exterior, causó tanta admiración, que gran cantidad de habitantes se concentraron a sus puertas para verla. Desde entonces la gente llama a este bello edificio: "La Casa de los Azulejos".


SUFRIÓ UN INCENDIO MENOR EN EL SEGUNDO PISO

En 1917, un norteamericano visionario y emprendedor que tenía un importante negocio de droguerías y fuente de sodas llamado "Sabores Bross" S. A.", vio en la casa de los azulejos la continuidad de su negocio y la oportunidad de expansión. Le tomó más de dos años remodelarla. La casa ha resistido inundaciones, terremotos, las construcciones vecinas del edificio Guardilla y la Torre Latinoamericana, el subsuelo incierto de la ciudad, abandonos, hipotecas y todo tipo de alteraciones. Desde 1919 gracias a Sabores, sus puertas permanecen abiertas desde las 7 hasta la una de la mañana. Después de su restauración (1993-1995) y un incendio menor sufrido en su segundo piso, se respetó fielmente todas las etapas históricas de los azulejos; desde el Barroco, el afrancesamiento del porfirizo, hasta el Art Novia y los dos murales. Este palacio ha presenciado no solo felicidad y regocijo, pues según se narra también “hechos sobrenaturales”, además de crímenes, como un terrible asesinato en el siglo XIX. Cuna de milagros y hasta terremotos según cuentan varias leyendas.