sábado, 26 de diciembre de 2015

EL RELOJ OTOMANO

LA ESQUINA DE LA RANITA
En esta esquina especial de Bolívar y Venustiano Carranza, podemos apreciar un magnifico reloj que fue un pomposo regalo que la colonia turca dio a México durante las celebraciones del primer centenario de la Independencia. Y al igual que en varias plazas de esta nuestra ciudad de México, en ésta también se construyó una caja de agua hacia mediados del siglo XIX, que serviría tanto a las residentes del Colegio de Niñas como a los vecinos en general. Hacia 1870, la plaza fue restaurada y rebautizada como Plaza Cinco de Mayo, se colocó una fuente esculpida en su centro, se arboló y se pusieron bancas bajo las sombras.
Diecisiete años más tarde, todo fue retirado, los árboles cortados y se rebautizó con el nombre de Victoria. Todo fue en vano, porque los vecinos no hicieron caso a ninguno de los dos nombres, pues para ellos siguió siendo la Plaza del Colegio de Niñas. La Ranita es otro nombre que popularmente recibe la plaza, debido a que una rana adorna la fuente, otro regalo (cabe destacar, que él no se sabe a ciencia cierta quien dono al simpático anfibio), la cual no fue retirada gracias a los boleros de zapatos que acostumbraban arrojarle moneditas y pedir su deseo del día cada mañana.
En contra esquina se encuentra el antiguo colegio de niñas, una de las instituciones privadas más reputadas de su tiempo, y que hoy alberga el Club de banqueros; en lo que ahora podemos ver las oficinas de Bancomer, en 1910 se encontraba el edificio del Banco de Londres y México, el más grande del país por ese entonces; y, cabe mencionar, sobre lo que actualmente es Venustiano Carranza, antiguamente la calle de Cadena, a media cuadra hacia el oriente se encontraba la residencia oficial de don Porfirio Díaz. Lo que hace a este pequeño monumento testigo, no sólo de la apoteosis del Porfiriato, sino de su momento más febril, cuando una turba iracunda exigía, desde la esquina de Isabel la Católica y Cadena, la renuncia del ex presidente.
Roberto Samael C E

lunes, 16 de noviembre de 2015

LA FUENTE DE SANTO DOMINGO

¿SERÁ O NO SERÁ?
La Iglesia de Santo Domingo es un templo barroco del siglo XVIII y es todo lo que queda de lo que fue el importante convento de la Orden de Santo Domingo, en la Ciudad de México. Se localiza en el centro histórico de la ciudad, en la Plaza 23 de mayo, y frente al costado norte de la Plaza de Santo Domingo, bastante cerca de la catedral. En ella se encuentra enterrado Tlacahuepantzin Yohualicahuacatzin, más conocido como Pedro de Moctezuma, uno de los hijos de Moctezuma II, muerto en 1570.
La construcción de un sencillo y pequeño templo se inició poco después de la conquista de la ciudad, hacia 1527, para ser concluida hacia 1530. Se reconstruyó por primera vez entre 1556 y 1571, para ampliar las dependencias del convento y capillas alrededor del templo principal. Esa segunda iglesia fue dañada severamente durante una inundación de la ciudad, y se decidió volver a reconstruirlo, en un fastuoso estilo barroco diseñado por Pedro de Arrieta, durante la primera mitad del siglo XVIII, cuando tomó su aspecto actual. A finales del siglo XVIII se introdujeron cambios en el interior con decoraciones neoclásicas.
A un costado de esta magna construcción aún se encuentra la fuente que podemos ver en imágenes de aquellos tiempos, y que se nota al frente del Portal de los Evangelistas, fuente que no es la de la Corregidora, es más sencilla y pequeña con un águila devorando una serpiente sobre el nopal. Se dice que fue mandada construir por Ildefonso de Iniesta y Bejarano, arquitecto mayor de la ciudad en 1780.
En la actualidad hay un hecho que pocos saben, pues la fuente que se encuentra a un costado de lo que queda de la Iglesia de Santo Domingo, en la calle Leandro Valle, es una fuente con similares características, por lo que la mayoría supone que se trata de la misma construcción, pero, se dice que aquella fuente coronada por el águila y el nopal fue demolida alrededor del año de 1900 para colocar precisamente la actual fuente de Doña Josefa Ortiz de Domínguez.
Una interesante versión que sería necesario corroborar a fondo, pero por ahora nos quedamos con esta construcción que actualmente podemos apreciar al costado de la iglesia y que le da un toque muy especial a la zona, ya que nos traslada en mente a todos esos años donde estos terrenos eran frecuentados por toda esa gente que en medio de sus quehaceres, pasaba una y otra vez por esta zona. Un pasaje muy importante de nuestra historia que sitios como este, no lo hace valorar.
Roberto Samael C E

jueves, 9 de julio de 2015

EL ASESINATO DE DON JOAQUÍN DONGO

¿HABÍA VENDIDO SU ALMA AL DIABLO?


En la Ciudad de México el 24 de octubre de 1789, sucedió uno de los crímenes más violentos que se han dado en el país. Esa mañana, desde muy temprano, la Ciudad se sumergió en el horror, después de que un cochero descubrió, en el número 13 de la calle de Cordobanes, once cadáveres que habían sido salvajemente asesinados a machetazos. La calle era la actual Donceles que anteriormente se llamaba de los cordobanes, debido a que así se les llamaba a los curtidores de piel que tenían sus locales ahí. El nombre de Donceles se le dio a la calle porque se avecindaron en ella algunos jóvenes nobles provenientes de España. Por ende la calle tomo el nombre que hacía referencia la juventud y alcurnia de sus habitantes.


Los muertos eran los cuerpos de las personas que, en ese momento, se encontraban en la casa de Don Joaquín Dongo, el lacayo, el cochero, los dos porteros, un indio mensajero, un primo de Dongo, la galopina, la cocinera, la lavandera y hasta el “perico” de la casa. En total once personas que fueron brutalmente asesinadas sin que nadie viera a alguien entrar o salir de la casa. El día del asesinato cuando Don Joaquín Dongo regresaba a su casa a eso de las ocho y media de la noche, los asesinos fingieron la voz de la ronda y consiguieron que el portero les abriera la puerta; entraron a la casa y mataron uno por uno de sus habitantes. El robo ascendió a $ 22,000 pesos más las joyas que había en la casa. Los malhechores huyeron llevándose el carruaje de Don Joaquín. En ese tiempo, el Virrey Revillagigedo acababa de empezar su mandato, y estaba dispuesto a poner en orden a Nueva España. Es por eso que dispuso de todos los recursos necesarios para que se encontrara a los culpables de la masacre más grande que se había visto en el México Colonial. Las autoridades hablaron con diferentes médicos y afiladores para tratar de conocer el paradero de los misteriosos asesinos, pero no daban con ninguna pista real. Sin embargo, unos días después de haber iniciado con las investigaciones, un informante anónimo dio aviso de un hombre en cuya cinta de cabello “brillaba una gota de sangre”. Las únicas pruebas con las que contaban, para demostrar que ellos eran los asesinos, era una mancha de sangre y otra en un sombrero.


En cuanto recibieron el informe, las autoridades se dedicaron a buscar al hombre, hasta que arrestaron a Felipe María Aldama. Tiempo después también capturaron a Joaquín Antonio Blanco y Baltasar Dávila y Quintero los dos presuntos cómplices de Felipe María Aldama. Durante los interrogatorios los acusados fueron torturados, aun así, nunca admitieron haber asesinado a Don Joaquín Dongo y a las otras diez personas. Y, a pesar de la falta de pruebas, fueron condenados a una ejecución pública. Mucha gente no podía creer que los tres acusados realmente fueran culpables de la masacre, a pesar de que el Virrey aseguró que en casa de los presuntos homicidas se encontró un “dinero faltante” en la escena del crimen. Los culpables fueron juzgados y sentenciados a la pena de muerte y mutilación de manos. Cuentan algunas publicaciones de la época, se dice que Don Joaquín Dongo había sido víctima de su codicia, pues años antes había vendido su alma al diablo para poder hacerse de dinero y poder; pero que, al no querer pagar su deuda al finalizar el plazo del trato, el mismo diablo llegó a la casa marcada con el número 13, en la calle de Cordobanes, a cobrar la deuda con las almas de todos los que se encontraban en el lugar.


Desde la matanza en la Casa de Don Joaquín Dongo, los habitantes de lo que hoy es el Centro Histórico, aseguran que, en las noches más obscuras (y especialmente el 24 de octubre), se puede ver a Don Joaquín rondando por la calle de Donceles, entre Brasil y Argentina. Dicen que se para a unos metros de la que fuera su casa, y se queda esperando toda la noche, como si se encontrara vigilando el lugar. Otras aseguran que Don Joaquín regresa a la calle de Cordobanes en busca de algún incauto que pase por ahí, para tomar su alma y pagar su deuda eterna. En la actualidad, el crimen de la casa de Don Joaquín Dongo ha pasado al olvido. Sin embargo, en una de las casas que se encuentra en la calle de Donceles, se puede encontrar una pequeña placa antigua del Catálogo de la Inscripción General de Monumentos Artísticos e Históricos.

Roberto Samael C E

martes, 9 de junio de 2015

DON JUAN MANUEL DE SOLÓRZANO

EL HOMBRE QUE PACTO CON EL DIABLO
En la calles de Uruguay, en el Centro Histórico, se encuentra el inmueble que habitó Don Juan Manuel de Solórzano, edificio que encierra la historia de un hombre que, de acuerdo la leyenda, vendió su alma al diablo con tal de saber con quién lo engañaba su mujer. Supuestamente en las noches aparece un hombre en el portón de la construcción y pregunta la hora. Si alguien contesta “Son las 11 de la noche” él dirá ¡¡¡Dichoso aquel que sabe la hora de su muerte!!! Este sitio en la actualidad sirve de salón para eventos y fiestas privadas, ya que su arquitectura del siglo XVI lo convierte en un lugar bello y confortable para pasar el tiempo con amigos, además de que está catalogado como Monumento Histórico por el Instituto Nacional de Antropología e Historia y por el Instituto Nacional de Bellas Artes.
Cuenta la leyenda que Don Juan Manuel sufrió más porque pasaba el tiempo y los hijos no llegaban al matrimonio. Por algunos momentos, el atormentado espíritu pensó en retirarse al convento de San Francisco, en búsqueda de paz. Entre estar ofuscado y ser cuidadoso, Solórzano mandó a traer un sobrino de España para que manejara sus propiedades y aprovechar para cuidar a su bella consorte. Sin embargo, tal sobrino era tan valiente y apuesto que fue bien recibido por Mariana, lo que llevó a Don Juan Manuel a una desesperación total. Presa del Maligno debido a sus celos, Solórzano ofreció venderle su alma al Diablo a cambio de enterarse con quien lo engañaba su esposa. El Diablo aceptó e hizo el pacto: Don Juan Manuel debía salir en la noche, y acercársele a quien pasara por su casa y matarlo a las 11 de la noche en punto, el diablo señalaría al culpable apareciendo junto al cadáver. En la noche Don Juan Manuel salió de su casa, envuelto en una amplia capa, con un sombrero cuyas plumas prácticamente le cubrían la cara y acercándose al inocente transeúnte le preguntaba:
“¿Disculpe usted ser habitual, qué hora es?”, “las once”, contestaba la pobre víctima, entonces el hombre enloquecido contestaba: “Afortunado usted, que sabe la hora en que va morir”, el cadáver al derrumbarse al piso y el asesino mudo e impasible, abría la puerta otra vez y caminaba por el patio, subía las escaleras e iba a su cuarto. Por supuesto, los asesinatos frecuentes captaron la atención de la justicia y los vecinos comenzaron a hablar de hechizos y conjuros en la calle. Con las cosas de éste modo, una noche el sereno le llevó al cuarto de Don Juan Manuel el cadáver de su desafortunado sobrino. Una vez que se dio cuenta de sus crímenes, Don Juan Manuel corrió a confesarse con los Frailes de San Francisco. Como penitencia debería rezar parado enfrente de las horcas públicas, tres noches seguidas, un rosario para las almas de los inocentes que había matado. Desde la primera penitencia, Don Juan Manuel tuvo horribles visiones de funerales donde él era el cadáver. La tercera noche, Solórzano fue encontrado colgado de la horca sin saber cómo o quien había hecho justicia, la imaginación popular pronto vio unas manos de ángel que había ahorcado al hombre celoso y así fue consignado por tradición.
 
Roberto S. Contreras Esparza

sábado, 4 de abril de 2015

FUE LA CASA DE HERNÁN CORTES

TIN TAN Y UNA INTERESANTE HISTORIA
En la zona de San Hipólito o iglesia de San Judas Tadeo, a unos paso de ahí, no podemos dejar de mencionar un hecho muy representativo para la cinematografía mexicana, ya que cruzando la avenida de Reforma, se llega de inmediato a una construcción muy especial, una casona de tiempos coloniales que aun con remodelaciones constantes permaneces en su sitio de inicio, pero como en otros lugares, estas edificaciones, también cuenta con una gran historia y toques muy especiales, como el relevante hecho, de que ahí nació el gran Genaro Germán Cipriano Gomes Valdez Castillo, pero para saber más sobre este personaje y de esta construcción, el actual Hotel de Cortes, conozcamos algo de lo mucho de su historia.

LA HISTORIA DE UNA HOSTERÍA PECULIAR
En lo que es hoy Paseo de la Reforma y Av. Hidalgo No. 85, se encuentra lo que en su momento fue la Hostería de Santo Tomás de Villanueva, hoy Hotel Boutique Cortés. Sobre la casona, se cree que el edificio nació a principios del siglo XVII, y pocos años después la orden de San Agustín lo convirtió en uno de las primeras hosterías de América, donde los frailes de la orden se alojaban previo embarque hacia la cristianización de las Filipinas. En 1780, se adecuó el edificio y se bautizó como la Hostería de Santo Tomás de Villanueva. A partir de esta fecha, el edificio había vivido momentos claves que marcarían la historia de nuestra ciudad.

AQUÍ NACIÓ GERMÁN VALDEZ TIN TAN
Pero hay mas, ya que en tiempos modernos, fue lugar del nacimiento de un gran personaje y al cual (para muchos) es considero el mejor cómico que ha tenido nuestro país. Ya que ahí ubicada en una vieja vecindad de la calzada de Tlacopan (actualmente Avenida Hidalgo), en el mismo afamado Hotel de Cortés, vio la luz Genaro Germán Cipriano Gómez Valdés Castillo, Tin Tan, que nació aquí, en pleno centro de la ciudad de México y aunque algunas personas aseguran que vio por vez primera en el puerto de Progreso, Yucatán, la realidad es que Tin Tan nació el 19 de septiembre de 1915 en este sitios de la avenidas Hidalgo y Paseo de la Reforma. Allí vivió un tiempo con sus abuelos. Después residió en Ciudad Juárez, donde se impregnó de la cultura fronteriza y los modos pachucos, que después llevaría con gran éxito al cine.

TIN TAN FALLECE EL 29 DE JUNIO DE 1973
Sus padres, Rafael Gómez Valdés Angelín, agente de aduana, y Guadalupe Castillo, ama de casa, tuvieron a Germán Valdés “Tin Tan”, el segundo hijo de una familia numerosa constituida por nueve hermanos. Aquí en la capital realizó sus estudios primarios. Se cuenta sobre él, que de pequeño siempre fue muy travieso, inquieto y con un gran humor. Posteriormente, en 1927 su familia viaja para instalarse en Ciudad Juárez, Chihuahua, en la frontera con Estados Unidos, allí estudió la secundaria. Se hace amigo de los pachucos, es decir, los jóvenes que dada la cercanía de Estados Unidos, habían adoptado una forma de hablar combinando el español con palabras de inglés y utilizando una vestimenta muy característica, ropa estrafalaria, solapas muy anchas, sacos grandes, zapatos bicolor, pantalones con valenciana de tubo, relojes de cadena colgante casi hasta el piso y sombreros de ala ancha con una pluma de pavo real.
Estos personajes impresionaron a Tin Tan, tanto así que los adoptó dentro de su espectáculo años después. Al final de sus días, padeció una hepatitis que le ocasionó aumento de peso y se degeneró en un cáncer estomacal que lo llevó a la muerte junto con un coma hepático el 29 de junio de 1973 en México. Al morir no dejó fortuna, solo un testamento en el cual cobijaba a su esposa Rosalía y sus hijos Rosalía y Carlos que en ese entonces eran menores de edad. Su carrera dejó más de 100 películas, 11 discos, dos cortometrajes, dos doblajes para Walt Disney y ningún premio que le hiciera el reconocimiento a tantos años de dedicación al arte, solo recibió la Medalla Virginia Fábregas por 25 años de actividad profesional otorgada por la Asociación de Actores de México… No cabe duda que lugares como esta casona, que ahora es un hotel importante, es significativo para la ciudad capitalina, y tenemos muchos y por toda esa historia que aun guardan y acumulan día tras día, los invitamos a conocerlos.

Roberto Samael C E

martes, 3 de marzo de 2015

jueves, 19 de febrero de 2015

EL HIMNO NACIONAL Y EL CENTRO HISTÓRICO

FRANCISCO GONZÁLEZ BOCANEGRA Y JAIME NUNÓ ROCA
 
En uno de nuestros recorridos por el Centro Historico, pudimos apreciar sobre las calle de Tacuba y Venustiano Carranza lo que queda de las casas que habitaron 2 personajes ilustres muy importantes por su contribución a nuestro país, pero veamos de qué se trata.
Durante sus primeras tres décadas como nación independiente, México no tuvo un himno oficial. En las celebraciones cívicas se interpretaban diversas marchas marciales, cantos patrióticos o poesía cívica, un nuevo género literario que entonces cobró auge. Durante este tiempo se realizaron numerosos intentos para encontrar un himno nacional, sin que ninguno tuviera arraigo suficiente entre la población. El 12 de noviembre de 1853, el gobierno de la Republica, a través del Ministerio de Fomento, de Colonización, Industria y Comercio, convocó a un concurso dividido en dos partes. La primera era un certamen literario para seleccionar la letra de lo que habría de ser el nuevo Himno Nacional; en la segunda etapa, se escogería la mejor musicalización del poema triunfador. La convocatoria fue firmada por Miguel Lerdo de Tejada.
Al enterarse del concurso, un grupo de amigos del joven poeta potosino Francisco González Bocanegra, que entonces tenía 30 años, lo animaron a participar, pero él se negaba reiteradamente; no creía tener posibilidades de obtener el triunfo porque participarían destacados e inspirados intelectuales.
En esta época, González Bocanegra era oficial archivista en la Administración de Caminos y Peajes del Ministerio de Fomento. El 3 de febrero de 1854, los miembros del jurado -José Bernardo Couto, Manuel Carpio y José Joaquín Pesado- decidieron el ganador del certamen, al que se presentaron 26 concursantes. Su nombre fue publicado el día 5 del mismo mes en el Diario Oficial: era Francisco González Bocanegra.
Acto seguido, se procedió a realizar el certamen para musicalizar el poema. El 2 de agosto, el jurado formado por José Antonio López Gómez, Tomás León y Agustín Balderas, declaró triunfador al compositor identificado sólo con las iniciales J. N., por lo que al publicarse el resultado en el Diario Oficial, dos días después, se solicitaba al autor que revelara su nombre.
El mismo día se presentó en la Secretaría de Fomento, para acreditar la autoría de la composición premiada, el músico español Jaime Nunó Roca, entonces director general de Bandas y Músicas del Ejército. Como las autoridades deseaban que el Himno Nacional se estrenara en septiembre de ese año, se solicitó a Jaime Nunó que instrumentara y editara por su cuenta las primeras partituras, lo que realizó con oportunidad. Así, la noche del 15 de septiembre de 1854, con motivo de los festejos por el grito de Independencia, se estrenó nuestro Himno Nacional en el Teatro Santa Anna, ocasión en que González Bocanegra pronunció un discurso patriótico. La orquesta, bajo la dirección del maestro Giovanni Bottesini, acompañó a la soprano Claudina Fiorentini y al tenor Lorenzo Salvi. Al día siguiente, se volvió a cantar el Himno en el mismo lugar, ahora de la voz de la soprano Steffenone, ante la presencia del presidente de la República, entre otras autoridades civiles y militares.

lunes, 26 de enero de 2015

TEMPLO DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL

EVITAR LA ENTRADA DEL DEMONIO A LA NUEVA ESPAÑA
Muy cerca del metro Pino Suárez de la línea azul del Metro, se encuentra esta antigua e importante iglesia que (sus feligreses bien saben) no abre en lunes, y que fue fundada en el año de 1690 convirtiéndose en un verdadero símbolo de los tiempos del virreinato en la Ciudad de México por ser la segunda parroquia fundada en México. Sobre su costo, se sabe que fue la valiosa cantidad de seis mil pesos de aquel tiempo. Terminada de construir por el arquitecto Pedro de Arrieta, su portada está custodiada por dos torres octagonales que en sus ángulos forman una taracea de cantera. La parte superior está ocupada por un arcángel San Miguel labrado en relieve sobre mármol, en tanto las torres y la cúpula, revestidos de azulejos, le dan una sobria elegancia.
Una descripción efectuada en 1931 añade que es una grandiosa iglesia, la cual no luce debidamente por lo angosta que es la calle a la cual da su fachada principal. Cuando se erigió el inmueble, ocupaba el terreno comprendido entre la cerrada de San Miguel al oriente, hasta la actual calle de 20 de Noviembre. Al interior hay dos capillas: la primera, ubicada junto al presbiterio, está consagrada a Nuestra Señora del Pilar y la segunda, más pequeña, a San José. Su altar mayor, reconstruido al estilo neoclásico, guardó joyas invaluables hasta 1861, cuando por orden del gobierno fueron confiscadas numerosas alhajas y objetos de oro empleados durante la consagración.
Esta parroquia fue una de las destinadas a atender solamente a españoles, y en noviembre de 1812 se nombró en ella a los representantes de las Cortes de Cádiz. Su feligresía abarcaba el sur del casco urbano, zona en la que se ubicaron los barberos de prestigio, quienes cortaban el pelo y rasuraban al cliente por dos reales, empleando, además de navajas inglesas. La ubicación de esta iglesia es por demás peculiar, pues fue edificada según una vieja costumbre europea, misma que avalaba que la iglesia en la entrada de una urbe, tenía que ser consagrada a este arcángel.
Esta iglesia se construyó en lo que fue la entrada de la antigua Ciudad de México. Además en ella, podrás encontrar arte sacro invaluable, y a Santa Zita, la santa a la que le rinden sus oraciones las empleadas domésticas. Si visitas la iglesia de San Miguel Arcángel te darás cuenta que su relevancia es mayor, por tratarse de la segunda parroquia que fue edificada en esta capital por allá del siglo XVII. Su principal función era repeler, a decir del clero de la época, era evitar la entrada del demonio a la Nueva España. Otra particularidad de este templo, es que en su exterior, que da a la calle de Izazaga cuenta con un retablo labrado en cantera con la advocación a las Ánimas del Purgatorio y una placa, donde se le exhorta a todo caminante que pase por ahí, a rezar una oración por aquellas almas pérdidas.
Además, esta parroquia es muy famosa por las misas de difunto que se celebran en ella, pues según consta en una placa al interior de la misma que el Papa Gregorio XVI, concedió a todo sacerdote que celebre misa de difuntos en el altar mayor, sacar del Purgatorio al alma por quien aplica la misa.

SAN NICOLÁS DE BARI Y NO SANTA CLAUS

Es de destacar que en esta Iglesia de San Miguel Arcángel, hay un nicho donde destaca la figura de San Nicolás de Bari quien falleció en el año 345. Su nombre significa “Protector y defensor de pueblos”. Por haber sido tan amigo de la niñez, en su fiesta se reparten dulces y regalos a los niños, y prácticamente con esta fecha se empezaban las festividades de diciembre. Como en alemán se llama "Sankt Nikolaus", lo empezaron a llamar Santa Claus. Nació en Licia (que se localiza en la actual Turquía), de padres muy ricos. Desde niño se caracterizó porque todo lo que conseguía lo repartía entre los pobres.
Decía a sus padres: “sería un pecado no repartir mucho, siendo que Dios nos ha dado tanto”. El emperador Diocleciano decretó una persecución contra los cristianos y Nicolás fue encarcelado y azotado, pero siguió aprovechando toda ocasión para enseñar la religión a cuantos trataban con él. En oriente lo llaman Nicolás de Mira, por la ciudad donde estuvo de obispo, pero en occidente se le llama Nicolás de Bari, porque cuando los musulmanes invadieron a Turquía, un grupo de católicos sacó de allí en secreto las reliquias del santo y se las llevó a la ciudad de Bari, en Italia. Las antiguas historias de los niños y los regalos dieron lugar en Alemania, Suiza y Holanda a la leyenda del “niño obispo” y sobre todo a la costumbre de que San Nicolás traiga secretamente regalos para los niños el 6 de diciembre, día en que la Iglesia celebra su fiesta.
Dicha costumbre fue popularizada en los Estados Unidos por los protestantes holandeses de la ahora Nueva York, que paganizaron al santo católico convirtiéndolo en un mago nórdico llamándolo “Santa Claus”. La mitra de obispo fue remplazada por el hoy famoso gorro rojo, desaparecieron su cruz pectoral y lo mudaron de Turquía al Polo Norte, de donde viene por la nieve en un trineo jalado por renos, pero en realidad nada tiene que ver con ese personaje regordete que viste de rojo y es obra de una refresquera.

Roberto Samael C E