sábado, 9 de diciembre de 2017

LA CASA DEL CAPITÁN JUAN DE CHAVARRÍA

RECUPERO LA CUSTODIA DEL DIVINO
El Centro Histórico de nuestra gran Ciudad, como en este página lo hemos mostrado, está lleno de curiosidades y arquitectura que enmarcan leyendas y mucha historia, además de datos extraños, anécdotas y personajes que por sus obras son recordados hasta nuestros días, y un ejemplo claro de ello, sin duda alguna lo es este audaz personaje, un capitán que poco a poco lamentablemente su hazaña está quedando en el olvido. Aquí les recordamos parte de esa proeza y el lugar donde el vivió y su interesante recuerdo en piedra.
Ubicada en una de las antiguas calles en el Mágico Centro Histórico, se encuentra la Casa del capitán Juan de Chavarría, quien fuera conocido en su tiempo como un héroe y como un bondadoso caballero benefactor que ayudo a las monjas agustinas de San Lorenzo. Este personaje, de origen vasco, Juan de Chavarría se estableció en lo que anteriormente era la calle que llevaba su apellido “Chavarría”, hoy conocida como el último sector de la calle Justo Sierra.
En donde fue construida una monumental casa que sobresalía por su peculiar fachada rematada por una mano, si una mano que está sosteniendo una custodia, la cual se convirtió en un fuerte referente que denota la valentía que en cierta ocasión mostro este caballero al realizar lo que por aquellos tiempos fue una proeza. Según cuenta la leyenda, que el 11 de diciembre de 1676, un ladrón ingresó al templo de San Agustín para robar las potencias de oro del Santo Cristo de la Caña, pero al calor de la aventura provocó un incendio que llamó la atención de toda la ciudad.
Ante este hecho, Don Juan de Chavarría se dio valor para entrar a la iglesia y recuperar la custodia del divino. Como resultado de tal hazaña, el rey le concedió un escudo personal, el cual consistía en la figura de una mano levantando una custodia, que lamentablemente en la actualidad, apenas queda visible en el nicho superior de la fachada.
Debido a su posición económica y a su fama como exitoso comerciante en el México del siglo XVII, el vascongado Juan de Chavarría era una figura que inspiraba respeto entre los habitantes y las autoridades de la Ciudad de México. Por estas razones, su casa habitación que ha tenido múltiples usos, se ha convertido en un referente obligado para visitar y conocer, al hablar sobre el pasado colonial de México y su maravilloso Centro Histórico.
 
Roberto Samael C E

MALGRÉ TOUT… A PESAR DE TODO

JESÚS F. CONTRERAS
 
Las calles, palacios, iglesias, conventos, fachadas y lugares que hay en nuestro Centro Histórico, resguardan leyendas y vivencias que cuando las conocemos, cuando sabemos que sucedió ahí, nos sorprendemos y maravillamos, ya que la mayor de las veces, ya sea por falta de tiempo, desconocimientos o porque no somos observadores, omitimos mucha de estos grandiosos detalles. Un claro ejemplo de ello, lo representa una singular escultura que si hemos pasado por la Alameda la hemos visto, pues está acompañada de otras “mujeres” similares, pero en especial, de una de ellas, conozcamos sobre su origen... He aquí parte de su historia.
Malgré Tout, es una escultura que traducida al español significa “A pesar de todo”, representa a una mujer desnuda, tirada y encadenada. Fue creada en el año de 1989, según los relatos de Amado Nervo, quien dice que Jesús Contreras estando en Francia, confirmó ciertos temores y sufrió la amputación de su brazo derecho a causa de un cáncer mal atendido. “A pesar de todo”, siguió trabajando con un sólo brazo los pocos años que le quedaron por delante, hizo la escultura sin el brazo derecho. Pero, ¿quién fue Jesús F. Contreras?
Jesús Fructuoso Contreras Chávez, nació en Aguascalientes un 20 de enero de 1866. Fue un escultor mexicano, nieto de José María Chávez Alonso, quien fungió como Gobernador Liberal y creó un centro artesanal que marcó al joven para ser escultor. Dado el apoyo que tuvo del gobierno de Porfirio Díaz, esculpió y construyó obras como el Monumento a Cuauhtémoc y veinte esculturas en bronce del Paseo de la Reforma. 
Cuando cumplió 17 años, el gobierno le otorgó una pensión, para que viajara a Europa a seguir estudiando y profundizar en su arte. Al regresó, con apenas 22 años de edad, apoyando a su maestro Noreña, juntos realizaron la bella estatua de Cuauhtémoc, la cual se encuentra en el paseo de la Reforma, de la Ciudad de México, siendo el encargado de la fundición Contreras. El 13 de agosto de 1883 al momento de vaciar el bronce, un chorro en ignición perforo su pie. La inauguración del monumento fue el 21 de agosto de 1887. Poco más tarde Fructuoso Contreras estableció la Fundación Artística Mexicana.
Entre sus obras más destacadas están; un Benito Juárez que está en Chihuahua; efigies de Manuel Acuña y de Ignacio Zaragoza, en Saltillo Coahuila; el general Ramón Corona, en Guadalajara, Jalisco; Nicolás Bravo, Ignacio Zaragoza y a la Independencia, en Puebla; el monumento a la Paz, en Guanajuato; al general Jesús González Ortega, en Zacatecas; a la Corregidora Ortiz de Domínguez. También se destaca por ser autor de los Colosales relieves en Bronce, con figuras Indígenas, del monumento a la Raza de la Ciudad de México. Pero la que suele considerarse como su máxima obra se llama Malgré Tout, elaborada en mármol. Tiempo más tarde, en 1909, el compositor zacatecano Manuel M. Ponce, compuso una pieza de piano sólo para la mano izquierda, que rindiera homenaje al escultor y a la obra misma.
Hay que apuntar que como detalle a tomar en cuenta, que Amado Nervo relataría en cierto momento, que Jesús Contreras realizó esta obra sin el brazo derecho, y por eso la habría titulado Malgré Tout, sin embargo, las referencias históricas desmienten este hecho, ya que la obra está fechada antes de la amputación de su brazo. Malgré Tout, en la actualidad, la podemos apreciar en el Museo Nacional de Arte (MUNAL), pero hay una copia en donde fue colocada originalmente en la Alameda del Centro Histórico. Muere el 12 de julio de 1902 en la Ciudad de México.
 
Roberto Samael C. E.

lunes, 11 de septiembre de 2017

AQUÍ MURIÓ ANTONIO LÓPEZ DE SANTA ANNA

MÉXICO PIERDE MITAD DE SU TERRITORIO
Roberto Samael C. E.
No cabe duda que entre los mexicanos un personaje que llama la atención por sus actos y por qué se cree que él fue el responsable de que nuestro país perdiera gran parte de sus territorios, hace que Santa Anna, pase a ser conocido y recordado como un traidor a su patria, y aunque las circunstancias, su negligencia y hechos tuvieron mucho que ver, este personaje “ilustre” ha marcado nuestra historia de México, tristemente de esa forma.
Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón nació en Xalapa, 21 de febrero de 1795. Fue un político y militar mexicano. Además, presidente de México, aunque en la gran mayoría de textos se dice que ocupó la presidencia en once ocasiones, el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) sostiene que solo fueron seis veces. Instaurado como dictador vitalicio con el tratamiento de Alteza Serenísima, aunque derrocado años más tarde. A lo largo de su extensa carrera política fue considerado ambiguo por participar en partidos contrarios, ya fuera con realistas, monárquicos, republicanos, unitarios, federales, liberales o conservadores. Santa Anna fue también gobernador de Yucatán (1824 - 1825) y de Veracruz en 1829.
Cuando ocupaba la presidencia, Santa Anna sufrió otro revés, al suscitarse de nuevo la cuestión texana. Cuando en 1843, Estados Unidos planteó la incorporación de Texas a su territorio, Santa Anna intentó zafarse de la escena política para no sufrir descalificaciones de la opinión pública. Puso de pretexto la muerte de su esposa Doña Inés García y Martínez de Uscanga para retirarse de la presidencia mientras pasaba el furor público por la anexión de Texas a los Estados Unidos. A los cuarenta días de luto por su mujer, Santa Anna contrajo matrimonio con la señorita Doña Dolores Tosta y Gómez, escándalo que contribuyó a aumentar su descrédito en un momento en que se le recordaba su anterior episodio en Texas y se le pedían responsabilidades. El retiro de la escena política en ese momento lo pagó con un largo exilio en La Habana.
En ausencia de Santa Anna, la situación interna en México estaba repartida entre hostilidades y caos político. Durante aquella situación, en EE. UU, James K. Polk había ocupado la presidencia del país. Polk era un conocido expansionista que desde hacía tiempo tenía puestos sus ojos en los territorios mexicanos de la Alta California y Nuevo México. El 29 de diciembre de 1845, para el enojo de los políticos mexicanos, quienes nunca reconocieron la independencia de Texas, el Congreso de los Estados Unidos (a instancias de Polk y su antecesor Tyler) aprobó la incorporación de Texas a la Unión Americana; un hecho que deterioró rápidamente las relaciones entre México y Estados Unidos. Dicha situación se agravó aún más cuando el gobierno mexicano se negó a recibir al embajador enviado por Polk para comprar los territorios deseados por 15 millones de dólares.
Aquello fue aprovechado por Polk como pretexto para presionar al Congreso a declarar la guerra. En tanto, a fin de presionar más las cosas, Polk había enviado tropas al mando de Zachary Taylor en las periferias del río Bravo; aun cuando se consideraba al río Nueces como el límite oficial con Texas, unos kilómetros más al norte. Aunque las escaramuzas entre ambos contingentes fueron directamente provocadas por los estadounidenses dentro de suelo mexicano y sin declaración de guerra previa, Polk hizo ver a los mexicanos ante el Congreso como si hubieran sido los culpables. Con ello, la guerra entre ambos países dio inicio el 8 y 9 de mayo de 1846. El gobierno de Valentín Gómez Farías decidió llamar de vuelta al general Santa Anna para dirigir los esfuerzos nacionales. A pesar de que logró amasar un considerable ejército, el evidente atraso tecnológico de este (el ejército usaba armas de tiempos de la Independencia) así como la falta de una cadena de mando eficiente, de nada le sirvió contra las fuerzas tecnológicamente superiores y mejor disciplinadas de Estados Unidos. Aquello significó una serie de derrotas consecutivas en todas las acciones bélicas de la guerra (la mayoría desarrollada en el norte).
Se sabe que casi logró una victoria en la Batalla de la Angostura, pero se retiró inexplicablemente a un paso de derrotar al general Taylor. Después, en su natal estado de Veracruz, fue derrotado en la Batalla de Cerro Gordo, en buena medida debido a que su artillería atacó a los centinelas del ejército estadounidense, revelando su posición. El grueso del ejército estadounidense evitó el camino donde Santa Anna pretendía atraparlos y atacó al ejército mexicano desde varios flancos, causando su derrota. Tras evacuar la capital del país, Santa Anna se exilió de nuevo, esta vez en Colombia. 
Exiliado Santa Anna, el Congreso firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo, con el cual México perdió los estados de Alta California y Nuevo México (hoy California, Arizona, Nevada, Colorado, Utah y parte de Wyoming) a favor de los Estados Unidos, que se comprometió a pagar una indemnización de 15 millones de dólares a México. Santa Anna fallece en las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México, entre 20 y 21 de junio de 1876.

martes, 15 de agosto de 2017

ANTIGUA CASA SAN AGUSTÍN

DETALLE Y DEDICACIÓN EN SU RESTAURACIÓN
Roberto Samael C. E.
La Casa San Agustín es un edificio considerado monumento histórico ubicado en el Centro de la Ciudad de México, en la esquina de las calles Uruguay y 5 de Febrero, que anteriormente esas calles llevaban el nombre de Don Juan Manuel y de la Joya respectivamente. Su nombre de San Agustín, se debe a que el edificio fue propiedad de la Orden de Agustina, cuyo convento estaba ubicado junto a este edificio.
Actualmente es el Hotel Hampton Inn & Suites, un hotel con toques de tiempos coloniales enclavado en un edificio histórico, que vivió un proceso de 3 años de restauración bajo la supervisión directa del Instituto Nacional de Antropología e Historia y el Instituto Nacional de Bellas Artes. Que en conjunto, para llevar a cabo su restauración, recurrieron a un grupo de arquitectos, albañiles, pintores y otros artesanos que trabajaron meticulosamente buscando elementos originales del edificio.
Se trató apegarse a lo original, incluyendo la singular fachada, las paredes de Talavera, los herrajes, pasamanos y molduras, siempre buscando preservar el carácter histórico y colonial típico de la Ciudad de México de aquellas épocas. Este magnífico edificio fue construido a finales del siglo XVII de acuerdo al historiador Francisco de la Maza​ y fue remodelado de 1924 a 1928 por el ingeniero Luis Robles Gil (Descendiente de Manuel Tolsá), en estilo neocolonial, con elementos como arcos y óculos octagonales.
En 1936 se añadieron al edificio dos pisos más y una terraza con algunos detalles de influencia Art Decó, así como un torreón con mirador y una hornacina con una escultura de la Virgen de Guadalupe. A partir de 1928 el edificio albergó al Hotel Ontario, que funcionó como tal hasta mediados de la década de 1980, cuando la zona se deterioró a raíz del terremoto de 1985 y el funcionamiento del hotel ya no resultó viable.
En el año 2008 fue remodelado para albergar a un hotel de la cadena Hilton. Durante la restauración la prioridad fue preservar la integridad de la fachada, el atrio, que ahora ocupa la recepción, la cancelería de madera y la decoración con mosaicos. Para reponer los mosaicos se elaboraron artesanalmente 12 mil piezas​ y se colocó el vitral que domina el lobby y que reproduce los principales elementos de la fachada con el colorido de mediados del XIX.
Cabe destacar que en el pasado, los agustinos contaban con varias propiedades en la Ciudad de México, además del convento los agustinos poseían: El colegio de San Pablo (hoy Hospital Juárez), la Ex-Hacienda de Santa Mónica (en Tlalnepantla) la hospedería de Santo Tomas de Villanueva (hoy Hotel Cortés), la hospedería de San Nicolás de Tolentino (hoy propiedad de la UNAM) el noviciado (hoy Farmacia París), la capilla del Noviciado (En la calle República de El Salvador), además de varias casas que destacan en lo que hoy es el Centro Histórico de nuestra Ciudad de México.

jueves, 27 de julio de 2017

PLAZA DE LA TRIPLE ALIANZA

TENOCHTITLAN, TLACOPAN Y TEXCOCO
Roberto Samael C. E.
Después de una larga peregrinación iniciada en Aztlán, los mexicas se asentaron en Tenochtitlan, en 1325. El Valle de México y las zonas aledañas estaban dominados por los tecpanecas de Azcapotzalco, quienes exigían tributo a los pueblos asentados alrededor de los lagos. El señorío de Texcoco se resistió a ese dominio y se convirtió en su enemigo.
Los mexicas, al demostrar su capacidad guerrera, obtuvieron un trato privilegiado de los tecpanecas, quienes les cedieron parte de los tributos que cobraban. Cuando Maxtla, hijo de Tezozómoc, asumió el poder, los tecpanecas se dividieron. Esta fragmentación fue aprovechada por mexicas y texcocanos. Los primeros formaron alianza con los de Tlacopan o Tacuba, e incluso llegaron a incorporar a los huexotzincas, habitantes del valle de Puebla-Tlaxcala, en la lucha contra los tecpanecas.
Con el triunfo de los aliados se creó la Triple Alianza (Tenochtitlan, Tlacopan y Texcoco), que funcionó para apoyar a sus integrantes y recuperar pueblos que se habían salido de su dominio, así como para expandirse hacia otros lugares.
En la actualidad, este suceso memorable, es recordado en una esquina de nuestro Centro Histórico, en donde con figuras soberbias de los Tlatoanis, se conmemora la unión en el año 1430 entre los gobernantes de los pueblos de Tenochtitlan, (Izcoatl), de Texcoco (Nezahualcoyotl) y de Tacuba (Totoquihuatzin) quienes se dice se reunieron en este lugar para acordar esta alianza que tendría como objetivo sacudirse de la influencia de rey de Azcapotzalco.
Esta Alianza permitió un notable desarrollo en el México Prehispánico basado en sus vínculos militares, políticos y económicos. Las esculturas de estos nobles personajes, se encuentra en la calle de Filomeno Mata, fueron elaborados por el gran escultor mexicano Jesús F. Contreras entre 1888 y 1889. En el jardín también podemos observar un busto a Filomeno Mata. Esta plaza pertenece a la dirección de museos del Ejército y Fuerza Aérea Mexicana.

TLATOANIS
NEZAHUALCÓYOTL: “Coyote en ayuno, o coyote al acecho”. Autor Jesús F. Contreras 1866-1902, procedencia: formó parte de la colección del museo nacional de la artillería. Alto relieve en bronce 1888-1889, 360 x 225 cm. Gobernante de Texcoco que de 1431 a 1472 reorganizo las leyes y la administración de su pueblo propiciando un gran florecimiento económico y cultural. Famoso también por sus poemas.
ITZCÓATL: “Serpiente de obsidiana”. Huey Tlatoani de Tenochtitlan. Autor Jesús F. Contreras 1866-1902, procedencia: formó parte de la colección del museo nacional de la artillería. Alto relieve en bronce 1888-1889, 360 x 225 cm. Gobernante mexica que de 1428 a 1440 libero a su pueblo del señorío de Azcapotzalco y dio inicio a la fase de expansión y conquista mexica.
TOTOQUIHUATZIN: “Entrada de aves”. Autor Jesús F. Contreras 1866-1902, procedencia: formó parte de la colección del museo nacional de la artillería. Alto relieve en bronce 1888-1889, 360 x 225 cm. Gobernante de señorío de Tlacopan (Tacuba). Según varios testimonios, Totoquihuatzin, era nieto de Tezozómoc de Azcapotzalco, que, junto con Itzcóatl y Nezahualcóyotl, planeó y logró la unión de Tenochtitlan, Texcoco y Tacuba, “La Triple Alianza”. Se piensa que nació a principios del siglo XV y que murió hacia 1472. Como poeta dejó algunas composiciones de honda reflexión religiosa, fue autor de varios poemas de tipo filosófico, su poesía recuerda al pensamiento de Nezahualcóyotl.
Los bajorrelieves que allí están expuestos son obra del escultor mexicano Jesús F. Contreras en 1881​ para formar parte de la representación de México en la Exposición Universal de 1889. Existe un cuarto relieve, el de Cuauhtémoc, que se halla en el interior del Museo del Ejército, sobre cuyo costado se yergue esta Plaza. Similares réplicas de estos cuatro magníficos relieves se yerguen en lo alto del Monumento a La Raza.

lunes, 24 de julio de 2017

EX TEMPLO DE SANTA TERESA LA ANTIGUA

SAN JOSÉ DE CARMELITAS DESCALZAS
Roberto Samael C. E. 
Quien visita el Centro Histórico, se dará cuenta de la gran cantidad de iglesias que hay. Personalmente creo que, si se restauraran, se cuidaran y se les diera a estos inmuebles el valor y atención que merecen, bien se podría hacerse en un tipo de turismo sacro, especialmente para visitar estos lugares, y no tendría que ver nada lo religioso, pero si se podría conocer, ver y aprender históricamente como se concebía la religión en México en tiempos coloniales. Lo cierto es que sería de gran interés y muy beneficioso para todos y así, tal vez se evitaría que muchas de ellas se pierdan, pues están en ruinas, y realmente es triste que eso suceda. Sobre una de estas iglesias que fue rescatada y ahora se le da un uso diferente, que ha ayudado a preservar algo de toda la grandeza que tuvo.
Nos referimos a la iglesia de Teresa la antigua o el Ex Teresa, que conocido como convento de San José o Ex Templo de Santa Teresa la Antigua, está ubicado en la calle de Licenciado Primo de Verdad, entre Palacio Nacional y Templo Mayor del Centro Histórico. Este recinto fue llamado en su época convento de San José de Carmelitas Descalzas. La fundación de este lugar se debió en su mayoría al fervor religioso de dos monjas, Inés de la Cruz y Mariana de la Encarnación. Que teniendo esto en mente Inés de la Cruz y Mariana de la Encarnación y motivadas por la lectura de las obras de Santa Teresa, encendió en ellas el deseo de fundar un convento de carmelitas descalzas.
Sin embargo, la falta de medios para conseguirlo las detenía totalmente, pero la voluntad decidida de las dos monjas las hizo saber de un caballero adinerado que vivía en la Ciudad de México llamado Luis de Ribera, quien deseaba fundar en México un convento de monjas carmelitas, y había solicitado que viniese de España una fundación; y si esto no era posible, un Breve Pontificio para fundarlo aquí con las señoritas que quisiesen y carecían de recurso. Tiempo después, en unos predios donados por Juan Luis de Rivera, quien sabia del afán de las monjas y sus escasos recursos, les hace entrega de los mismos a Inés de la Cruz y Mariana de la Encarnación. Aprobado mediante una bula expedida por el Papa Pablo V. Después de tantas peripecias, se concluye la construcción el primero de marzo de 1616, designando como patrono del templo y convento a San José de quien se tomaría el nombre para dicho convento.
Un dato curioso, habiendo sido sorteado 7 veces el nombre de San José para ser nombrado, las siete veces salió favorecido. Por otra parte, en medio de problemas surgió uno más para las monjas: sus similares, las monjas carmelitas descalzas del convento de Puebla, fundado pocos años antes, juzgaron inconveniente que no fuesen ellas las que fundaran este nuevo convento de su orden. A pesar de esta nueva amenaza, Inés de la Cruz y Mariana de la Encarnación se limitaron a no reconocer la queja de las otras. Tal actitud inquietó a las de Puebla y para cuando el convento concluyó sus obras, insistieron en que se les entregase, exponiendo su solicitud en una carta de más de veinte hojas.
La obra finalmente pudo comenzar y no escaseaban las limosnas y se proseguía con empeño. De 1678 a 1684 cobró la fisonomía barroca que conserva hasta nuestros días, y en el que prevalece un diseño austero acorde con la filosofía de la orden de religiosas de las Carmelitas Descalzas que lo habitaron. En el siglo XIX, la devoción y aprecio por la imagen del Cristo de Ixmiquilpan o Señor de Santa Teresa llevó a que en la iglesia del nuevo convento se venerara una imagen de este Cristo Crucificado. Esta imagen era reverenciada en la feligresía del Cardonal, de donde vino el llamarlo como el Señor del Cardonal.
Cuando llegó a la Ciudad, después de un tiempo fue colocada en el convento de Santa Teresa, pero no había ni altar ni lugar para ponerla, así que se decidió ponerla en una capillita al lado de la Epístola del altar mayor. No conformes con el lugar en donde se había dispuesto la imagen, comenzaron las obras de una nueva capilla exterior al cuerpo de la iglesia vieja. Después de estas primeras construcciones, la iglesia de las carmelitas descalzas se vio intervenida varias veces para lograr lo que hasta hoy se puede observar. Y en un espacio de seis años quedó concluida, y a la santa imagen se le designó un lugar en el altar mayor, durando ahí más de cien años.
Tiempo después se pensó en otorgarle nuevamente un lugar mejor a la imagen y se mandó a erigir una nueva capilla y altar. Al final se optó por una cúpula que cubriría el altar donde estaba colocada la imagen. La construcción de esta capilla es considerada hoy en día, única por la solución arquitectónica de su cúpula de doble tambor; las pilastras o columnas descansan sobre bases y los entablamentos y áticos de coronamiento están correctamente utilizados en proporciones monumentales. El predominio de la línea horizontal sostenidas sin interrupción, hacen fría y académica esta construcción.
Se puede observar un orden dórico, con un friso decorado con triglifos y metopas, ornamentadas a su vez con rosetones de un carácter sui generis, la cual fuera dada por el arquitecto Antonio Velázquez de González. Sin embargo, don Manuel Tolsá se llevó el crédito de esta construcción por ser considerado como uno de los arquitectos de la época más carismáticos y populares. Don Rafael Jimeno, director de la Academia de San Carlos, fue el encargado de la creación de los adornos interiores, en escultura y pintura.
Desafortunadamente para 1845 un 7 de abril, un terremoto sacude la Ciudad de México ocasionando el derrumbe de la cúpula y la bóveda de la capilla del Cristo causando la perdida de las pinturas de Jimeno y Planes. Lorenzo de Hidalga reconstruye la bóveda y Juan Cordero se encarga del decorado del techo de la misma y de la parte interior de la cúpula, realizando los muros titulados “Renovación del Cristo de Santa Teresa” y “La Divina Providencia”, mientras que en la parte superior de la cúpula es donde realiza el mural “Dios Padre de las Virtudes”, y en las pechinas (medallas) de esta pintaría a los apóstoles San Juan, San Lucas y San Marcos, dejando la pintura sobreviviente de Ximeno y Planes la cual se había dañado por el sismo.
Debido de la aplicación de las Leyes de Reforma en todo el país, el Convento fue cerrado para utilizar sus espacios en el nuevo proyecto de Nación y dar así cabida a la primera Escuela Normal, la Escuela de Odontología y la de Iniciación Universitaria. La exclaustración de las monjas en 1861, debido, a la intervención francesa y el decreto del 26 de febrero de 1863, demostró que había veintidós mujeres en el convento de Santa Teresa la Antigua. Tenía veintiséis fincas cuyo valor ascendía a doscientos veintiún mil pesos que redituaban anualmente a catorce mil y los capitales activos les producían otros mil cuatrocientos. La iglesia quedo clausurada al culto en 1930 y, desde entonces, varios han sido los usos y remodelaciones que ha sufrido el inmueble.
Entre sus funciones ha estado la de cuartel militar, Escuela Normal de maestros, Facultad de Odontología y Rectoría de la UNAM y la Universidad de Vasconcelos. Fue utilizado como, bodegas, sala de conciertos. También fue destinado para talleres de imprenta del Diario Oficial, órgano del Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos y para el Archivo de la Secretaría de Hacienda. En 1978, Santa Teresa la Antigua es restaurada por la Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas (SAHOP), ya que se encontraba en condiciones lamentables.
Después de toda una historia de remodelación y restauración que inicio en 1978, no es sino hasta que, en 1993 a la fecha, alberga el proyecto de cultura del Instituto Nacional de Bellas Artes y se abre de nuevo al público, y se convierte en “ex Teresa Arte Actual” que sirve como exponente de cultura y arte contemporáneo, en el actual Centro Histórico de la Ciudad de México.
Algunos datos a considerar, sobre este ex convento, y que se deben mencionar, es sobre los entierros, y se sabe que encontraron tumbas “Entre hábitos de jerga gruesa, con los pies descalzos, casadas con Dios y cobijadas por azulejos, sobrevivieron a los posibles saqueos de cada remodelación,  los restos de 27 fosas, en el mismo lugar donde recibían su habito y profesaban las Carmelitas descalzas, con la misma distribución que en otros conventos de monjas de la Nueva España, aunque fosas no completas, pues se encontraron algunas vacías y entierros incompletos, a pesar de haber sido declarado este lugar como monumento histórico en 1931.
También destaca, que en el terremoto en 1845 las pinturas de Rafael Jimeno realizadas en la cúpula, bóveda y el ábside, se perdieran y solo se salvara la que representa al evangelista San Mateo, misma que subsiste en una pechina junto a los 3 evangelistas pintados por Cordero, mismas que se deterioro con el paso del tiempo, no por fuerzas de la naturaleza, sino por la indiferencia y el abandono en el que el lugar fue condenado por años.
Aquí en el Ex Teresa, o antiguo convento de San José del Carmen, fue donde Sor Juana Inés de la Cruz, profesó por primera vez, y se cuenta que, por la rigidez y las duras disciplinas de la orden, no aguanto y su estancia en ese antiguo convento fue breve. Finalmente, notaran que, al visitar el Ex Teresa, destaca y sorprende de inmediato, su hermosa cúpula obra de Lorenzo de la Hidalga y esa magnificas pinturas que maravillan al visitante, el autor fue Juan Cordero. Otro de sus secretos que guarda este ex convento, es que ahí, por poco tiempo estuvo la corregidora, Doña Josefa Ortiz de Domínguez como prisionera, en una de las celdas del convento… Un lugar que aconsejamos visitar.